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Francisco Ruiz
Francisco Ruiz
Consejo General de la Emigración

Ruiz: "No me podría permitir ser un presidente continuista"

Francisco Ruiz Vázquez llegó el pasado día 3 al quinto pleno del IV mandato del Consejo General de la Emigración (CGE) como consejero general de la Emigración por Suiza, cargo que desempeñaba desde hace más de una década, y en menos de dos horas se convertía en su cuarto presidente y como tal ejerció en este encuentro. A su acceso al cargo le precedió cierta polémica sobre el cese de su antecesor que, a decir de los propios consejeros generales, incidió en el respaldo que obtuvo del CGE en su aceptación en tanto que candidato del ministro de Trabajo y Asuntos Sociales. [Entrevista publicada hoy en "Galicia en el Mundo"]
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Pregunta. El quinto pleno de este mandato del CGE [durante el que se realiza la entrevista, ya en su recta final] tuvo un comienzo duro, con protestas sobre el cese del anterior presidente y la forma en que se produjo. En general, los consejeros se han mostrado de acuerdo en que podría haber tenido mucho más respaldo de que obtuvo del CGE en la propuesta de su candidatura y que padeció un voto de castigo por el proceso de sucesión. ¿Cómo interpreta esto?

Respuesta. Lo puedo interpretar de dos maneras. De una manera personal, y entonces es una catástrofe una votación que arroja una mayoría pero corta, y puedo interpretar, y creo que hay que interpretarlo de esta segunda manera, que muchos consejeros han emitido un voto de castigo a la decisión, justificada desde mi punto de vista, del ministro; una decisión que los consejeros no han comprendido que fuese justificada. Siendo así, no se podía esperar un resultado diferente al que ha salido; es más, podría haber sido peor.

Personalmente, entiendo que la decisión del ministro ha sido correcta, que tenía que tomarla en las circunstancias en las que estaba, con una campaña de prensa durante todo el verano en la que los medios de comunicación habían preguntado a diferentes consejeros qué les parecía, qué tenía que haber hecho Castelao y demás. Hubo muchos puntos de vista que decían que a pesar de haber tenido un mandato de presidente prolongado bajo un signo político diferente al del ministro que le propuso por primera vez, Javier Arenas, confirmado posteriormente por el ministro Zaplana, pues que había habido un cambio político en el país que tenía que verse en todas las instituciones donde el Gobierno y los ministros tenían posibilidad de poner a hombres y mujeres de su confianza. Yo ya he dicho que me parecía que era un pulso al ministro, a la Administración, y que en los pulsos unos ganan y otros no. Pienso que aquí el que ha perdido ha sido el Consejo, en ese primer momento del pleno.

Por esas circunstancias, yo esperaba una reacción muy parecida al resultado de la elección. Es verdad que en el almuerzo que siguió a esa jornada muchos consejeros me dijeron "te hubiéramos votado", luego no me votaron, yo comprendí, y ellos lo confirmaron, que había sido en disconformidad con el ministro. De una manera jocosa, amable, les dije, "pues muy bien, ahora que ya habéis hecho la moción de censura al ministro por el cese, vamos a hacer una nueva votación".

De todas formas, para mí esa página ya está pasada; el pleno tuvo ocasión de pronunciarse, como tenía que hacer, la votación dio el resultado que dio, soy el presidente por voluntad de la mayoría y voy a intentar hacer lo posible por que no se vuelva atrás, sino que miremos adelante todos juntos. En las pocas palabras que dije cuando fui nombrado presidente, agradecí a todos aquellos que habían participado en la elección y punto. No quería hacer una distinción entre aquellos que me habían votado y aquellos que me habían rechazado porque me parece que eso no conduce a nada más que a un enfrentamiento que sería lo peor en el Consejo.

P. ¿Le resultó difícil este primer pleno como presidente?

R. Pienso que en este pleno el presidente no tenía la tarea fácil por dos razones. Por una parte porque se ha desarrollado todo en sesión plenaria, en la que los consejeros generales estaban reunidos y el presidente tenía que dirigir todos los debates mientras que en otros plenos hemos tenido un plenario el primer día y después se ha funcionado en comisiones, lo que permite al presidente estar más relajado. Pero me alegro de que las sesiones de trabajo se hayan hecho en un plenario porque esto ha permitido que nos descubramos unos a otros. También porque en este caso el tema principal no era la elección del presidente sino el debate sobre el Estatuto de los Ciudadanos Españoles en el Exterior y estoy contento por cómo se produjo; los consejeros no han manifestado ninguna adversidad al presidente, en absoluto, sino todo lo contrario, cuando lo que he hecho de alguna manera que ha chocado, me lo han dicho tranquilamente y así espero que lo sigan haciendo, porque nadie sabe todo desde un principio y sobre todo que es muy difícil, después de diez o doce años en el Consejo, estar como consejero y de golpe y porrazo estar como presidente.

Eso para mí ha sido lo más duro, porque cuando viene uno como consejero viene con el apoyo moral de aquellos que lo han elegido, con una carga de propuestas para defender y, claro, no es lo mismo, el presidente es como si estuviera un poco ausente de esas propuestas. Cuando se trataba de las propuestas al anteproyecto del Estatuto que presentamos los consejeros por Suiza [son dos] yo tenía que preguntar qué decía el consejero por Suiza, auto-eliminándome, y eso es un trabajo un poco esquizofrénico, porque deja uno en el camino muchas cosas que las tenía en cartera.

P. El Estatuto ha sido para usted un buen estreno, porque quería que el Consejo lo aprobase y lo ha hecho en el primer pleno que ha presidido, un pleno en el que también se han anunciado, por parte del ministro de Trabajo y Asuntos Sociales y de la secretaria de Estado de Emigración, importantes incrementos presupuestarios para la emigración. Quizás ha faltado el broche final que hubiese supuesto la esperada visita del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

R. Bueno, para mí lo esencial es lo esencial. Es verdad que cada vez que hemos ido a La Moncloa o al Palacio de la Zarzuela nos dio placer que las primeras autoridades, el jefe del Gobierno y el jefe del Estado, recibiesen al Consejo. Eso da placer personalmente y sobre todo porque representamos a la emigración y al recibirnos hay un gesto hacia los ciudadanos españoles que residen fuera de España; en cierto modo es halagador, aparte de que sea útil que las dos primeras figuras del país, jefe de Gobierno y del Estado, se acerquen al millón y medio o dos millones de ciudadanos españoles que estamos fuera. Pero no es lo importante. Lo importante es el Estatuto, que puede modificar completamente todo lo que hasta ahora hemos vivido, porque aunque falte la concreción de las resoluciones que ha aprobado el Consejo, inicia una etapa nueva que también se pone en marcha a nivel presupuestario, eso es una buena señal.

Bueno, cómo no voy a estar contento de empezar una presidencia en este aspecto. Si eso se confirma y si el Estatuto se desarrolla con decretos o con órdenes que vayan en el sentido que nosotros pedimos, pienso que ningún consejero general puede estar descontento, y la prueba es que hemos trabajado duramente. Una prueba de ello es, y lo he comentado con la secretaria de Estado de Emigración, que en este pleno pocos consejeros se han ausentado de la sala. No digo que ninguno porque algún grupo tenía compromisos adquiridos y ha salido. Esto es formidable porque cuando el trabajo se hacía en comisiones, sabíamos que había muchos consejeros que se ausentaban. En esta ocasión estaban en el debate los que habían hecho propuestas, salvo rara excepción, y, sobre todo, también estaban los que no habían hecho propuestas.

Como presidente he intentado organizar el debate e introducir en él a los representantes de las federaciones en el exterior y de los retornados, para que no se sintiesen aislados y fuera de juego sino que tuvieran también la participación que me parece que corresponde.

P. Parece considerar que ese visto bueno que ha emitido el CGE al Estatuto, con su correspondiente informe y objeciones, pueda representar una nueva etapa en la defensa de los derechos de la emigración española.

R. Pienso que sí. Primeramente, el hecho de que en el discurso como candidato a la Presidencia del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero hubiera un compromiso de que habría un Estatuto para los ciudadanos españoles residentes en el exterior es importante. Se refería a los ciudadanos en el exterior y no ya a los emigrantes, que es el punto de vista tradicional desde el que creo que olvidamos algo que también hemos discutido en el pleno y es que muchos emigraron, construyeron sus hogares y tuvieron hijos que se casaron con nativas del país o con hijas de españoles que nunca emigraron y el hecho de hablar de ciudadanos españoles residentes en el exterior les engloba. Creo que eso cambia también la mentalidad y al hablar de ciudadanos se aprecian menos diferencias de tratamiento que cuando hablamos de emigrantes, sobre todo con la mentalidad de la última ley de emigración, del año 1971, que todavía está en vigor, aunque obsoleta y anticuada. Estamos cambiando y creo que el reconocer la ciudadanía de los españoles que residimos fuera trae consigo un cambio de visión desde España hacia el exterior y de compromiso con esos ciudadanos con los que la propia Constitución no permite hacer diferencias de trato y nosotros vamos a estar ahí exigiendo que esas diferencias de trato se corrijan cuando se produzcan.

Estamos en una nueva etapa que el Gobierno ha querido impulsar; todavía no lleva dos años y ya hay un proyecto que el Consejo de Ministros de la semana próxima [esta semana según lo previsto] va a tratar. Claro que nosotros hubiéramos querido que hubiera sido antes, pero ahora vemos que hay una aceleración del procedimiento y que eso va a acompañado por la política de presupuestos, de la que ya nos han dado una idea. El presupuesto sigue siendo poco pero al mismo tiempo mucho en relación con lo que teníamos hasta ahora y es importante que el incremento va dirigido sobre todo a las personas más desprotegidas.

P. Respecto al propio CGE, ¿qué prevé bajo su presidencia?

R. Yo no me podría permitir ser un presidente continuista, ni en las formas ni en los modos ni en la manera de ser. Si el Gobierno y la sociedad española han podido cambiar de chip, el presidente del CGE también. Es evidente que el Consejo necesita un cambio de visión. Yo diría que “de visión política”, no de visión de partido sino de visión política, de compromiso de cada uno de los consejeros y he empezado a hacer los primeros pinitos en los debates sobre el Estatuto encargando a un grupo de consejeros, en vez de pedir que lo hiciese la administración, que tomasen unos apuntes para que fuesen añadidos. Por ahí van a ir los tiros; los consejeros no pueden venir a los plenos, sentarse, aburrirse y aprobar o rechazar una propuesta, tenemos que tener en cuenta, y ese es mi deseo más profundo, que cada consejero es un especialista en algo, que puede aportar algo que los demás no podemos aportar y que no podemos desperdiciar lo que tenemos y todo lo que un consejero puede dar de sí, que tienen que tomar en serio la participación efectiva en cada uno de los plenos.

Otra cosa que quiero cambiar son esas ruedas de participación que hacíamos, empezando por la derecha o por la izquierda, que creo que los consejeros se sentían obligados a no perder. En este sentido ya introduje algún cambio en el debate sobre la modificación del Real Decreto de pensiones asistenciales, elaborando una lista de quiénes pedían la palabra y adjudicándola después. Me voy a dar como trabajo no cortar la palabra a nadie, al contrario, dársela a todos aunque haya que reducir los tiempos, porque el tiempo que tenemos no se puede alargar, pero sí que se puede reducir en las intervenciones para que todos puedan participar, y eso puede ser más dinámico.

Por ejemplo, al conceder la palabra he intentado que no fuese de forma lineal en la disposición de la mesa, no en orden uno detrás de otro sino uno de aquí, uno a la derecha, otro a la izquierda, un experto, un representante de un sindicato, para que haya un poco de variedad de voces y países, para que haya más dinamismo. Espero no equivocarme y si me equivoco corregiremos. Tampoco  vamos a dar la palabra a quien no la pide, porque no quiere, y quitársela a quienes la piden.

Lo que no me permitiré nunca es ser el hombre de censura en la adjudicación de la palabra ni en el contenido de las intervenciones, pero voy a estar muy vigilante para promover que todos los consejeros puedan participar, porque estoy completamente convencido de cada uno puede aportar lo que el otro no puede, y de que si es lo mismo lo harán de forma diferente, y para que no se aburran sino que les encante estar y trabajar en el Consejo.

P. Respecto a la participación en el Consejo de las asociaciones de emigrantes y retornados y de otras comunidades autónomas que lo están pidiendo, ¿qué opina?

R. Es verdad que los cauces de participación de la emigración, tanto los Consejos de Residentes Españoles (CRE) como el CGE, necesitan una puesta al día moderna y eficaz. Cuando se renueve el Decreto que desarrolla los CRE y el CGE tendremos que plantearnos cuántos y quiénes forman parte de ellos. Yo estoy sorprendido de que haya comunidades autónomas que no están en el Consejo como miembros y que estén peleando para tener un puesto. En contrapartida, hay otras comunidades que forman parte del Consejo y con frecuencia están ausentes del mismo. Habría que convencerles de que si están en el Consejo es primeramente porque lo han solicitado y de que la política de la silla vacía puede acarrearles que otro venga y se siente. En esta ocasión, en el debate sobre el Estatuto me he sorprendido para bien que el representante de la CEOE haya hecho propuestas; no me acuerdo de la última vez que la CEOE hizo propuestas.

Lo que también me sorprende un poco es que las organizaciones sindicales no hagan más propuestas de las que hacen y me voy a entusiasmar con ello para que aporten lo que el Consejo les está exigiendo. Y las comunidades autónomas, pues espero que el deseo de entrar que tienen Canarias y Asturias pueda ser atendido en la renovación del Real Decreto. Claro está que el Consejo es complejo, complicado por el número de miembros que tiene ya, pero vamos a ver.

P. ¿Se va a modificar la forma de trabajar del Consejo?

R. Esa es otra cuestión para meditar, si el CGE tiene que continuar trabajando de la misma manera que hasta ahora o hay que buscar otra forma. Pienso que se debe modificar, porque lo hemos pedido los propios consejeros generales, que se modifique para que no nos encontremos repitiendo propuestas año tras año. Quizá eso lo podríamos evitar, pero no estoy muy seguro, creando grupos de trabajo temáticos, por ejemplo, sobre nacionalidad o cuando haya que rectificar un Real Decreto, para que un grupo de trabajo reducido lo estudie y eleve un informe al Consejo que puede aceptarlo o modificarlo. Creo que así se puede avanzar más que trabajando en comisiones en las que se repiten las propuestas. Pienso que eso nos da una apatía de participación, un desánimo que no es bueno.

Esto no lo va a implantar el presidente unilateralmente, pero se puede proponer y se va forzar al Consejo a reflexionar sobre su propio funcionamiento, antes incluso de la reflexión sobre la modificación del Real Decreto que lo rige. Creo que eso es importante y que es urgente hacerlo. Tengo la ventaja de que como soy nuevo en la plaza, a lo mejor puedo proponer cosas que los antecesores o no han querido o no han podido.

P. Este pleno trae otra novedad y es que después de los muchos encuentros que el CGE ha celebrado en Madrid, por primera vez es recibido por la presidenta de la Comunidad Autónoma.

R. Algo que me agrada mucho. Lo siento porque los plenos del CGE se han realizado durante diez o doce años en Madrid y hasta ahora los presidentes de la Comunidad Autónoma nos han ignorado y me alegro de tener un encuentro. Es un gesto que verdaderamente me place en tanto que presidente y que me hubiera placido en tanto que consejero general porque cuando nos hemos desplazado, por ejemplo, a Santiago de Compostela, la autoridad máxima de la Comunidad gallega, el presidente de la Xunta, nos ha recibido y también el alcalde de Santiago de Compostela. Pienso que eso es también importante para comunidades que tienen a tantos conciudadanos en el exterior, que debe ser también una alegría que felicite en el Consejo a sus propios paisanos que están fuera. Y efectivamente, creo que es interesante y muy importante que los poderes públicos y sobre todo la máxima autoridad de la comunidad nos reciba. Pediría que el alcalde de Madrid siguiese el ejemplo y que lo repitiese.

P. También con el inicio de su presidencia se presenta la reforma del Real Decreto sobre las pensiones asistenciales.

R. Mi presidencia es del CGE y si eso sale adelante, como pienso que va a salir, lo que he de sentir es que el propio Consejo le ha dado su apoyo, como ha sido el caso, lo que indica que el CGE está en sintonía con lo que propone la Administración. Mi presidencia no puede ser algo en abstracto si no es con el CGE. Esa modificación y los beneficios para la emigración sería un logro del propio Consejo y me alegro de ser el presidente cuando se produce, pero me hubiera alegrado también siendo consejero. Además, se corresponde con la voluntad política del Gobierno, que ha inyectado ese dinero para reconocer y atender a las personas que están en espera de esos mínimos para poder subsistir. Creo que se lo merecen y que es un deber del Estado español acordarse de aquellos que tienen poco o menos que poco. Eso desde mi punto de vista es lo importante. El presidente no puede ser algo separado del CGE y lo voy a reclamar siempre, incluso si los consejeros hacen una diferenciación yo no lo voy a permitir.

P. ¿Quién le va a sustituir en su puesto de consejero por Suiza?

R. El primer suplente, José Vicente Fernández Bocelo, que es un miembro del CRE de Ginebra.

P. ¿Y su gran reto en su nuevo cargo?

R. Mi gran objetivo es que el Consejo, que tiene los medios que tiene, pueda aprovecharlos de tal manera que puedan producir el doble. Si somos capaces en el CGE de transformarnos nosotros mismo, de dinamizarnos, las autoridades, no solamente del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y de Exteriores, que están muy ligados a nosotros, sino de otros ministerios, como el de Hacienda y el de Educación, van a estar atentos al ver que el grupo que compone el CGE se lo ha tomado en serio y van a exigir tomárselo en serio.


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