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UN PAÍS AL LÍMITE - José Luis Úriz Iglesias, ex-parlamentario y concejal del PSN, actual militante del PSC. Miembro de Izquierda Socialista-PSOE

05/11/14
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Quizás pueda perecer exagerado el título referido a la situación por la que atraviesa éste país. Cuatro son los aspectos que llevan a que la situación de crispación política, económica y lo que es más grave social esté llegando a límites insostenibles.

A la profunda crisis económica que nos afecta, con los recortes brutales que el PP lleva realizando los últimos tres años, especialmente en los temas que más afectan a la ciudadanía, como sanidad, educación, servicios sociales y desmantelamiento del Estado de Bienestar, se le ha sumado el incremento intolerable de los casos de corrupción en la política e incluso en el ejército, la crispación del enfrentamiento con Catalunya y recientemente el desastre en la gestión de algo tan preocupante como el Ébola.

Cuatro áreas en las que el gobierno de Mariano Rajoy, el gobierno de la derecha, del PP, está fracasando, llevando al país y por tanto a su ciudadanía a una situación de emergencia nacional. Creando indignación, crispación, tensiones y en el último caso incertidumbre. Todas las alarmas están sonando, las luces rojas encendidas con la sensación de que nos encontramos en un momento extremadamente peligroso.

La tensión centro-periferia heredada de una Transición que nos dejó éste legado sin resolver, se ha agravado desde que llegó al gobierno un partido como el PP que nunca ha entendido ni entenderá que tenemos un país plurinacional, en el que para resolver esa realidad no se puede hacer a base de recursos al TC, de imposición a sangre y fuego.

Lo ocurrido en los últimos tres años en Catalunya ha sido intentar apagar rescoldos con gasolina. ¿A quién se le ocurre desactivar una parte fundamental de un Estatut aprobado democráticamente por abrumadora mayoría allí en su Parlament, incluido un referéndum y aquí en el Congreso y Senado? ¿A quién demorar hasta el límite de la paciencia de la ciudadanía catalana un pacto fiscal demandado igualmente por esa misma mayoría? ¿Alguien piensa que si el Estatut no hubiera sido desactivado y el pacto se hubiera alcanzado estaríamos ahora en ésta situación de inminente choque de trenes? Indudablemente no.

Eso independientemente de que la otra parte tampoco esté dando señales de sensatez. La pregunta del 9-N resulta un ataque a la honestidad. Mientras en Escocia era clara y contundente: “Considera usted que Escocia debe ser un estado independiente. Sí o NO”, en Catalunya se intenta confundir con dos partes en las que la primera puede invalidar la segunda. No se entiende que la izquierda haya aceptado esta burda manipulación que puede dejar su resultado, en caso de que se realice cuestión ésta más que dudosa, totalmente desacreditado. Puede ocurrir que esa calculada ambigüedad al redactarla produzca el efecto perverso de que habiendo mayoría por el NO a la independencia, el resultado sea el contrario.

Pero la rigidez del PP, su torpeza, unido a la prepotencia de una mayoría absoluta que ya no es tal ahora, al menos socialmente, le ha llevado a tensar la cuerda al límite, encontrándonos a punto de su ruptura. Su idea de relaciones centro-periferia se resume en una sólo cuestión: manda el estado y el resto a callar. Ahora también se confronta al sentir de Navarra ignorando sus peculiaridades y creando un conflicto tras otro, de nuevo con recursos constantes al TC atacando su autogobierno. La última la reclamación de más de mil millones de euros del IVA de la fábrica Volkswagen. Otro nuevo frente abierto.

Tiene suerte de que todavía Euskadi no ha entrado en esta pelea, gracias a dos elementos: la sensatez de Urkullu y de la Izquierda Abertzale empeñada ahora en terminar de manera definitiva un proceso de paz, en el que también el PP se dedica a poner grandes piedras en su camino. Su posición intransigente en el tema de l@s pres@s, resulta muy peligrosa, precisamente ahora que se acaban de cumplir los cinco años de permanencia injusta en la cárcel de quienes ayudaron a llegar a donde estamos: Otegi y el resto de los 5 de Bateragune.

El segundo elemento que conduce a ésta situación de emergencia es el de la corrupción en la política, aunque sería más correcto señalar la corrupción político-económica, ya que ambas van intrínsecamente ligadas. Los casos ya “clásicos” de la Gürtel, EREs de Andalucía, o Bárcenas, han sido eclipsados por los Blesa-Bankia, familia Pujol y recientemente el escándalo que salpica a casi todo el espectro político y sindical de las tarjetas opacas, o black, de Caja Madrid.

La ciudadanía presencia entre perpleja e indignada cómo se han ido repartiendo el botín mientras los recortes alcanzan los mismos cimientos del Estado de Bienestar, millones de familias tienen dificultades para llegar a final de mes, se incrementa la desnutrición infantil, condenan a la pobreza a miles de ciudadanos y ciudadanas que pierden su puesto de trabajo o tienen sueldos de miseria, e incluso les embargan sus casas y bienes dejándoles en la indigencia.

¿Se puede calcular cuántos miles de millones de euros han desaparecido de las arcas públicas a través de estos escándalos? ¿Sería suficiente para evitar la crisis o al menos para paliar sus efectos? Indudablemente sí, eso lo sabe la ciudadanía y lo extraño es que aún no se haya alzado de manera revolucionaria tomando la “Bastilla” e imponiendo la guillotina para castigar a los culpables.

¿Quiénes son éstos culpables? Casi todos, un sistema corrupto en sí mismo propiciado por el poder absoluto de los poderes financieros que controlan y cuando no pueden compran, a una parte del poder político y sindical o de los medios de comunicación. El caso de las tarjetas black de Caja Madrid, no siendo el de cantidad más desorbitada, es la gota que desborda el vaso en lo ético. Que ahí estén implicadas gentes de PP, PSOE, IU, CC.OO., UGT, CEN…significa un ataque sin precedentes a los cimientos del estado. Si a eso le unimos los escándalos en la Casa Real, o el último de un líder de la minería asturiana como Fernández Villa nos indica el nivel de impunidad de éstos sinvergüenzas. Todos los resortes de control saltan hechos añicos, o quizás es que nunca hayan existido.

La pregunta que surge es: ¿si afecta a casi todos, la que está enferma es la actividad política, sindical y económica, o es la propia sociedad? Ahora se descubre lo ocurrido en Bankia, pero mañana saldrá Caja del Mediterráneo, o un caso como Caja de Ahorros de Navarra cerrado en falso por UPN con la complicidad del PSN, que le puede estallar en las manos a Pedro Sánchez con un Roberto Jiménez afincado en su Ejecutiva Federal.

La credibilidad de los partidos clásicos, sindicatos, de instituciones como la monarquía, o la iglesia, han quedado definitivamente dañada. O se reacciona de una manera contundente, radical, o el viento de la indignación y el hastío se los llevará por delante y ya hay ya quien opina que quizás sea lo más saludable para una democracia debilitada y empobrecida.

Pero si estos temas no resultaban suficientes desde hace dos semanas ha surgido un nuevo escándalo, éste con una repercusión de alarma social si cabe mayor: la infección por Ébola de una auxiliar de enfermería que estuvo al cuidado de uno de los misioneros infectados por éste mortal virus. Misioneros repatriados por el PP de una manera insensata, sin las medidas adecuadas, ni estar preparados para ello tal como se está demostrando.

El cúmulo de despropósitos ha puesto a todo un país en peligro. Cuando nos encomendamos a la suerte para librarnos de una situación como ésta, es que se han hecho muy mal los deberes en un tema que puede afectar gravemente a la salud pública. No es de extrañar el miedo que ha invadido no sólo a las personas directamente afectadas sino al resto de nuestra sociedad, que nuevamente observa entre aturdida y cabreada la ineptitud irresponsable de nuestros gobernantes. Supone un nuevo ataque a la credibilidad de un sistema que hace agua por demasiados lugares.

Todo ello con un partido que se supone de oposición como el PSOE, cuyo nuevo líder entró con una fuerza pero que se ha ido desinflando por momentos, ahora ya ni está ni se le espera. Menos mal que por lo menos las gentes de la izquierda que aún quedan en su interior, a través de la corriente Izquierda Socialista, han elaborado un comunicado exigiendo responsabilidades y dimisiones al PP para al menos lavar su imagen.

Malos tiempos para la lírica, estado de emergencia nacional, un país al límite de lo soportable y sólo la esperanza de que la sociedad esté por encima de sus políticos. Una sociedad a la que sólo le queda continuar en la sumisión, en la depresión que le lleve a una melancolía destructiva, o alzarse de manera revolucionaria. Veremos…….

MADRID, 19/10/2014.

http://www.publicoscopia.com/opinion-politica/item/2223-un-pais-al-limite.html


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