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Buenos Aires: Acto en solidaridad con el juez español Baltasar Garzón, en el Espacio para la Memoria (I)

28/07/10
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La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y Organismos de Derechos Humanos realizaron un acto de solidaridad con el juez de la Audiencia Nacional de España Baltasar Garzón, recientemente suspendido de ese cargo por intentar investigar los crímenes de la dictadura franquista.

El homenaje, en reconocimiento a su "trayectoria y compromiso con los valores de Memoria, Verdad y Justicia", se llevó a cabo en la sede del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, del Archivo Nacional de la Memoria, en el Espacio para la Memoria, la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos (ex ESMA), con una asistencia de más de 800 personas.
Los organismos convocantes, junto con la Secretaría de Derechos Humanos, fueron Abuelas de Plaza de Mayo, Madres Línea Fundadora, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la Comisión Provincial por la Memoria, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y el Servicio de Paz y Justicia.
La presentación y conducción del acto estuvo a cargo de Federica País, quien visiblemente emocionada, destacó que se trataba de la primera vez que ingresaba a la ex ESMA. "Yo no me animaba a entrar acá. Pido disculpas si me emociono pero es muy especial estar acá diciéndole gracias y apoyando en nombre de toda la Argentina a alguien tan importante como Baltasar Garzón; alguien que nos hizo creer que existía la justicia cuando acá creíamos que se había terminado, después de las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final. Alguien que en este momento necesita nuestro apoyo y de eso se trata este acto".

A continuación, reproducimos los discursos del Secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y del juez Baltasar Garzón:

Palabras del Secretario de Derechos Humanos:
"Bienvenido Baltasar a una Argentina que desde esta madrugada es más igualitaria y menos discriminadora que antes.
Dejando de lado los sentimientos subjetivos que nos unen, ya que alguna vez me escribió Baltasar que ésta es la edad que uno planta los afectos esenciales y definitivos, quiero señalar lo que considero que son los tres pilares por los cuales hoy estamos aquí reunidos para reconocer, agasajar y expresarle nuestra solidaridad a Baltasar Garzón. El primero de ellos es el agradecimiento porque tomara la tragedia argentina y la impunidad que reinaba en nuestro país como una causa emblemática, a la que le dedicó muchas horas, días y años con especial empeño, ya que el 28 de marzo de 1996 dio comienzo ese camino que significó para nosotros la constatación de que no todo estaba perdido, que había una Justicia, aunque estuviera afuera de nuestro país, y que nuestras víctimas, los familiares y los sobrevivientes tenían un estrado judicial a donde ir a expresarse y a volcar su testimonio, para que ya no fuera simplemente en reuniones de organismos internacionales o nacionales, pero siempre al margen de los estrados judiciales.
Y ahí marcharon en peregrinación los sobrevivientes de la ESMA y otras víctimas que fueron recibidas como si fuera verdaderamente el juez argentino que debía haber cumplido ese papel que las leyes de Obediencia Debida y Punto Final impedían. Y creo que el punto en que ese muro de impunidad empezó a desquebrajarse fue el día en que Baltasar Garzón mandó el exhorto solicitando la detención de más de 40 represores. En ese momento, con su breve detención, sentimos que habíamos empezado a horadar ese muro de impunidad que luego tuvo los avatares que todos conocemos, hasta que en el año 2003 primero se derogó el decreto que había firmado el entonces presidente Fernando De La Rúa y refrendado su ministro de Justicia, Ricardo Gil Lavedra, por el cual se rechazaba los pedidos de detención formulados por jueces extranjeros, y luego el Parlamento sancionó la nulidad de las llamadas leyes del perdón.
El segundo motivo para que hoy estemos aquí es ese aporte fundamental que hizo él al desarrollo de la justicia universal en momentos en que la misma empalidecía como un concepto teórico sin encarnadura en los tribunales de los distintos países. Estábamos en una situación en que las fronteras internacionales aparecían como las murallas imposibles de traspasar bajo el principio de territorialidad de la ley penal. Yo creo que el aporte que hizo Baltasar supera en mucho el caso argentino o el caso Pinochet, para convertirse si en una política jurídica emblemática en los albores del siglo XXI que signa y signará una transformación del derecho internacional de los Derechos Humanos.
Y el tercer aspecto es porque la memoria histórica de España forma parte de la memoria colectiva del pueblo argentino. No nos sentimos ajenos sino parte a esa lucha de Baltasar en recuperación de la memoria histórica española. La Argentina vivió la tragedia de la guerra civil como propia. Aquí también la fractura social tuvo epígonos de ambos bandos en la masiva inmigración española, pero ninguna duda cabe que los republicanos españoles contaron con la adhesión y el afecto de la mayoría de la militancia política argentina democrática, y de la intelectualidad, del cual fue un símbolo el gran poeta Raúl González Tuñón que blindando la rosa y encaramado en las ruinas dejadas por los bombardeos o en las trincheras cavadas con premura, alentaba a los milicianos durante los combates en Asturias y en Madrid. Aquel que mereciera el bello poema que le dedicó Miguel Hernández que comienzo así: "Raúl si el cielo azul se constelara / sobre sus cinco cielos de raúles, / a la revolución sus cinco azules / como cinco banderas entregara ".
Y con el mismo fervor con que lo hiciera Raúl González Tuñón, centenares de argentinas y argentinos se sumaron a las causas de la República y lucieron con orgullo su uniforme en las Brigadas Internacionales, muchos dejando sus vidas y regando con su sangre el suelo hispano.
Hoy cuando los argentinos impulsamos desde el Estado y la sociedad civil, con el motor y empuje de los organismos de derechos humanos, la recuperación de nuestra memoria; cuando afirmamos convencidos de que no se puede construir el presente ni el futuro tapando el cielo con un arnero, y que más temprano que tarde la memoria colectiva aflora por los intersticios del olvido, la injusticia y la impunidad; sabemos que Baltasar quiere ser el apasionado hortelano que vela por consolidar la memoria histórica, aquella que no tendrá la hechura de los vencedores sino el rostro y el sufrimiento de los vencidos, el dolor acunado en décadas de silencio por los familiares de las víctimas, con aquellos millares o millones de restos óseos que reclaman su digna sepultura.
Estamos seguros, Baltasar, que el tiempo te verá emerger vencedor en la disputa con los poderes oscurantistas que hoy van por vos. Tu andadura no es la del ilustre manchego, sino la de David ante Goliat. Felizmente, has desoído los concejos de prudencia de los que bien te quieren y las admoniciones de los poderosos de que "de esto no se habla y esto no se toca".
No sé qué otra conducta esperaban de Baltasar Garzón que muchos años antes había escrito: "¿Juez temeroso? No. En el momento que un juez tenga miedo de sus propias decisiones ha de abandonar la carrera porque ya está prevaricando. Si deja de aplicar una ley justa por temor a que le critiquen, a que le persigan, a que le difamen, a que le perturben su vida privada, a que le matan, ese juez ya está mediatizado, ese juez ya es parcial, su miedo es su parte, sino nota eso que cuelgue la toga y se marche a su casa. El juez precisa altas dosis de fortaleza y de llevar esculpida la ley en su conciencia. Tiene que estar bien seguro de lo que va a hacer para arrostrar después las consecuencias que afecten a su propia persona. Su orden incidirá entre intereses en conflicto y posturas enfrentadas. La sociedad se posicionará en bandos. Unos montarán el hosanna de gloria y otros la cacería contra él. Si no se siente capaz de dominar la embestida con temple y con independencia ese hombre no puede ser juez ni un minuto más". Y esperamos que este juez justo vuelva a serlo en plenitud por muchos años.
 


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