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Buenos Aires: Acto en solidaridad con el juez español Baltasar Garzón, en el Espacio para la Memoria (II)

28/07/10
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Palabras de Baltasar Garzón:
"Muchísimas gracias a todos los amigos que hacen posible que hoy estemos aquí en un acto, decís, de solidaridad hacia mí, pero que yo lo quiero extender y quiero hacerlo muy sentidamente a favor de todos aquellos que en este sitio que hoy nos acoge, hace no muchos años, y en otros similares, perdieron su vida, fueron torturados, fueron desaparecidos, y vivieron la negación en sí misma de lo que es el ser humano. La gran ventaja, el gran éxito de todos los que hoy estamos aquí, y de Argentina y de todos los pueblos de bien, es que centros como este se han convertido en lugares de reflexión, de aprendizaje de lo que no se debe hacer, de lo que nunca debió de suceder; en centros que servirán para mostrar a las nuevas generaciones qué fue lo que sucedió, qué es lo que se debe de corregir. Aprendizaje, educación en valores, en derechos fundamentales, defensa de todo aquello que constituye la esencia de un Estado de derecho.
Muchísimas gracias por haberme acogido desde siempre. Decía antes mi buen amigo Hugo que mi vida había cambiado desde que, el 28 de marzo de 1996, la causa que nosotros conocimos como el "caso Argentina" recayó en mi competencia en el Juzgado Central de Instrucción Número 5 de la Audiencia Nacional. Y es verdad. Es verdad que fue así y que desde el primer momento en que unas mujeres con un pañuelo anudado a la cabeza, del que se leía "Madres" y "Abuelas de Plaza de Mayo", entraron en mi despacho, la vida cambió. Cambió en mi caso y cambió en la Audiencia Nacional y cambió en España y en muchos sitios.
Y esta noche ha sido un ejemplo de ello. Me agradecían y me agradecen que recibiera a las víctimas, que las oyera. Aparte de mi convicción, esa es la obligación de un juez. De cualquier juez. Es lo que debe de ser. Y el que no lo entienda así no tiene la sensibilidad para ejercer esa noble profesión que es la Justicia, que ante todo es una profesión para defender a las víctimas.
Y, diciendo esto, no se está quebrantando ningún principio de igualdad. No hay que tratar igual a los desiguales, sino que precisamente el juez es el último reducto. Es allá donde las víctimas acuden cuando ya nadie las escucha, cuando ya nadie les atiende.
No es que España hiciera algo por la Argentina. España, cualquier país, allá donde haya un juez, un fiscal que se precie de serlo, debe actuar por sí mismo. Los crímenes contra la humanidad, el genocidio, los crímenes contra la comunidad internacional, como fueron los crímenes que aquí acontecieron entre el año 76 y 81, como los que acontecieron en Chile, como los que hoy en día acontecen en tantas partes del mundo, no tienen nacionalidad; son crímenes internacionales. Y las víctimas tampoco son españolas ni son francesas ni argentinas, son víctimas universales. Ese es el gran aporte de los últimos años, de las últimas décadas. Esa es la gran reflexión que tenemos que hacer. Y a nosotros, coyunturalmente, en la historia, nos ha tocado hacer un papel, realizarlo de la mejor manera posible, sin renunciar absolutamente a ninguno de los principios básicos que debe de comportar el ejercicio de una jurisdicción, de una Justicia independiente, comprometida y responsable. Y, sobre todo, huir de ese gran mal que afectó al siglo XX y que todavía afecta a muchos en muchos lugares de la Tierra: la indiferencia. No podemos, y los jueces menos que nadie, volver la cara hacia la otra parte. No es un problema del otro; es nuestro problema, es nuestra responsabilidad. No podemos ausentarnos de lo que es la realidad de la Justicia con mayúsculas.
La impunidad es la cara oculta de la regresión y de la corrupción de la humanidad. No puede un país construirse sobre el olvido, sobre la falta de memoria, sobre el no reconocimiento de aquello que ha marcado su historia.
Yo procedo de un país hermano que ha sufrido durante muchos años la ley del silencio, la ley de la impunidad, y que después avanzó por unos cauces de una recién nacida democracia pero con un olvido permanente de las víctimas.
No creo que aporte nada a favor o en mi contra, en mi situación actual allá en España, si digo lo que siempre he pensado: que las víctimas merecen una respuesta, que las víctimas merecen una protección. Y que esa protección se tiene que dar desde muchos ángulos pero, desde luego, desde la Justicia.
La Justicia no puede olvidar esa obligación. Debe hacerlo desde la ley, desde el cumplimiento estricto de la ley; interpretando las normas nacionales e internacionales, siendo consciente de que la evolución del ser humano y la evolución de la ciencia jurídica nacional e internacional a lo largo del siglo XX, que vio las mayores atrocidades, también ha observado los mejores avances. Y hoy día no podemos volver atrás, no debemos volver atrás. Las víctimas no se merecen una segunda negación.
En Argentina se está produciendo, desde hace unos años, una respuesta contra la impunidad, que es ejemplo en el mundo entero. Lo he dicho en muchas ocasiones y lo vuelvo a decir ahora: la forma en que por fin se está abordando esa cuenta pendiente que se tenía con el pasado, esa mal arbitrada impunidad y olvido está dejando las cosas, y las dejará, con mayor seguridad en el futuro, en su justo lugar.
No se quebranta una sociedad, no se quebranta a un pueblo, por el hecho de que se aplique la Justicia. Eso es una afirmación falsa en toda su extensión. La Justicia universal, que tanta importancia ha tenido, tiene y debe seguir teniendo, aunque algunos vean en ella una amenaza para la estabilidad de los países. Yo diría, más bien, para la seguridad de algunos violadores de Derechos Humanos en forma masiva, que es distinto.
Es un punto de referencia. Debe ser una base de sustento en la que nos apoyemos. En serio, no hay que confundir la seguridad de algunos con la seguridad jurídica de los ciudadanos. La seguridad jurídica de los ciudadanos se ve fortalecida en un Estado de derecho, en una democracia, cuando la Justicia se aplica con mayor rigor a quien más responsabilidad tiene, y con más exhaustividad a quien más violentó los derechos de esa sociedad. Ese es el punto básico que para mí supone la Justicia universal y es en el que muchos estamos ubicados y lo vamos a seguir estando.
Es triste que en algunos países, como por ejemplo en España, en los últimos tiempos, casi con nocturnidad y alevosía, se haya producido un regreso muy fuerte en lo que al principio de justicia universal se refiere. Es triste que España, que se había ganado un lugar en el mundo de la defensa de los derechos humanos, haya perdido de forma tan gratuita esa posición. Mediante una ley que parece ser fue engendrada y fue aprobada porque algunos jueces se habían atribuido aplicarla incluso respecto de ellos que más poder podían tener. Y es que no es cuestión de poder o no poder, es que es cuestión de asumir que la Justicia universal debe de equilibrar, debe de proteger y debe de fortalecer la democracia en cada uno de nuestros países.
En fin, de nuevo os agradezco el cariño, el apoyo y la solidaridad que me mostráis en momentos difíciles. Me preguntaban hoy que cómo me sentía y yo respondía que bien, que tranquilo, que convencido de que cuando se actúa de buena fe en la interpretación de una norma, se debe tener la conciencia tranquila de que lo hecho ha sido correcto y de que si ha habido una equivocación, la interpretación del derecho admite esas equivocaciones. Pero, sobre todo, me encontraba bien porque no tengo derecho a encontrarme mal. Las víctimas que tanto han sufrido, las víctimas que siguen sufriendo, sí tienen derecho a sentirse mal. No es una cuestión de injusticia. La injusticia no es que haya un proceso abierto. La injusticia es que acontezcan hechos terroristas, que haya masacres, que haya torturas, que haya esa impunidad que hay todavía en muchas partes del mundo.
Afortunadamente, esto, en mi caso, no es así. De modo que, como cualquier ciudadano, y respetando al acción de las Justicia, pues habrá que asumir esa situación y continuar luchando por aquello que uno cree que es justo y que, desde luego, siempre estará dirigido a la defensa de las víctimas.

Muchísimas gracias."


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