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Conferencia a cargo de Antonio García Santesmases, en la que resume la historia de la corriente.

20 años de Izquierda Socialista

30/11/04
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20 AÑOS DE  IZQUIERDA  SOCIALISTA.

                         Conmemoramos hoy los veinte años de existencia de la corriente de Izquierda socialista y lo primero que hay que decir es que son ya más de veinte años los que tiene nuestra corriente de vida. Hay discusión sobre como caracterizar el inicio de Izquierda socialista pero parece claro que el acta fundacional la debemos establecer en el 28 congreso del psoe(mayo de 1.979)

I) LA PRIMERA IZQUIERDA  SOCIALISTA.

                      Es difícil  situarse en aquel contexto  y transmitir a personas de las jóvenes generaciones los motivos que provocaron la mayor crisis vivida  en el seno del partido socialista. Muchos pueden pensar que el motivo esencial de aquella polémica fue la valoración del papel de la izquierda a lo largo de la transición política. Muchos pueden considerar que en aquel mayo de 1.979 se discutía acerca del precio de la reforma, de la imposible ruptura, de los costes de la política de consenso a lo largo del periodo constituyente, y del desencanto que había comenzado a anidar en muchos de los electores de izquierda. En alguna medida fue así y no podemos desconocer las críticas a la política continuista con  las estructuras del régimen anterior, a la realización de acuerdos con los reformistas del franquismo, al mantenimiento de los aparatos de estado de la dictadura  y a la separación cada vez mayor entre la dirección del partido y sus bases. Y, sin embargo, no fue éste el debate central de aquel congreso que provocó la dimisión de Felipe González y la aparición en aquel verano del 79 del primer manifiesto  de la izquierda del Psoe.

        En aquel mayo del 79, aprobada la constitución del 78, y realizadas las primeras elecciones municipales que posibilitaron la llegada de la izquierda a los ayuntamientos de las ciudades más importantes, la discusión versaba sobre el futuro. Son tres los puntos más relevantes en aquella polémica: el primero  la definición ideológica del partido, el segundo la estrategia política a desarrollar y el tercero el modelo de partido a construir. Se presentan dos posiciones. Para la posición ,que acabará siendo mayoritaria, que lidera Felipe González era imprescindible articular un proyecto socialista autónomo que no tuviera  vinculaciones orgánicas con otras fuerzas de la izquierda. Este proyecto debía ser muy flexible ideológicamente incorporando las aportaciones de distintas tradiciones doctrinales al acervo de la izquierda. Autonomía y flexibilidad debían ir unidas a un partido muy disciplinado y muy compacto, en torno a su líder. La moderación ideológica se consideraba un requisito imprescindible para tener posibilidades de acceder al poder político. La lectura de Felipe González de la derrota en las elecciones de marzo del 79 era que un exceso de radicalismo nos alejaba inexorablemente del triunfo electoral.

La segunda posición que lideró Luis Gómez Llorente reivindicaba el modelo de partido y la estrategia política aprobado en el congreso anterior celebrado en diciembre de 1.976. En aquel congreso se defendía  un modelo inédito de socialismo, un socialismo autogestionario, que propiciase un bloque social de progreso con otras fuerzas de izquierda y que definiera  una política exterior neutralista para España. Era un modelo cercano al que defendían por aquel entonces las corrientes eurocomunistas de izquierda, los socialistas mediterráneos y todos los que apostaban por una tercera vía que fuera más allá de la socialdemocracia sin caer en el colectivismo burocrático. Aquellos proyectos asumían lo mejor del legado marxista pero conectaban igualmente con una corriente libertaria de apertura a las nuevas demandas que habían aparecido a partir de la crisis del 68.

Es un hecho que este modelo reformista-revolucionario no era el modelo que había inspirado la estrategia del Psoe a lo largo del periodo constituyente. Durante todo este periodo el Psoe se había caracterizado por una gran prudencia y había negociado la salida del franquismo y la elaboración de la constitución con una gran moderación pero, concluido este proceso, Gómez Llorente insistía en la necesidad de no llevar esta política de consenso más allá de lo necesario y aprovechar el tiempo de oposición vertebrando ideológicamente al partido socialista. No era pues tanto en la valoración de lo realizado cuanto en la proyección de futuro donde se situaban las diferencias. Mientras para González lo esencial era abandonar la acumulación ideológica de un partido que salía de la clandestinidad, para Gómez LLorente lo primordial era articular ideológicamente un partido que tras cuarenta años de dictadura tenía que superar años de desculturización. La labor pedagógica del partido era en este segundo modelo una tarea esencial.

Los tres peligros que señalaba reiteradamente Gómez LLorente a lo largo de aquel verano del 79 se fueron confirmando con el tiempo. Hablaba Luis de los  peligros del parlamentarismo, del electoralismo y del personalismo. Del peligro de ir abdicando de las señas de identidad propias para acercarse a las preferencias de los segmentos electorales que permiten acceder a la mayoría; del peligro de centrar la acción política en el campo institucional abandonando la movilización social y del peligro de concentrar todas las acciones del partido en la exaltación de un único líder que asumiera la imagen y la referencia de la organización. Cuando hoy se habla tanto de la crisis de  la democracia representativa  y de la conversión de los  partidos políticos  en maquinas electorales al servicio de los líderes habría que volver a reflexionar sobre estas palabras premonitorias de Luis Gómez LLorente.(1)

Sobre aquel congreso de mayo del 79 se ha escrito mucho reprochando -  a la que a partir de ahora denominaremos la primera Izquierda socialista -  toda clase de errores en el desarrollo del debate de aquellos meses.  Vamos a centrarnos en las tres críticas más importantes . En primer lugar se reprocha a aquellos dirigentes  enzarzarse en un debate ideológico cuando lo que correspondía era realizar  un balance crítico de la transición a la democracia. En segundo lugar  caer enredados en las mallas de ese “falso” debate ideológico cuando lo que correspondía era prevenir los peligros de la concentración del poder en el ámbito orgánico. No es justa esta doble  crítica porque de hecho representantes importantes de aquella Izquierda socialista se centraron esencialmente en los aspectos orgánicos para evitar el deslizamiento a una organización compacta al servicio del líder. Entre todos aquellos compañeros  hay que destacar la batalla permanente de Pablo Castellano que siempre intervino en los congresos del partido en torno a estos temas. Es un hecho además  que Pablo siempre consideró que la valoración crítica del proceso de transición era el tema esencial  a discutir y así lo ha repetido años después en su libro de memorias y en un ensayo sobre el sentido de la transición(2).

Los fundadores de la primera Izquierda socialista trataron de aunar una visión crítica acerca de la transición con una apuesta de futuro centrada en  mantener la ideología socialista y en articular una política de unidad de izquierda. Algunos de los que después nos acompañaron en la construcción del ala izquierda – pienso, por ejemplo, en Ignacio Sotelo- coincidían con nosotros en la necesidad de reclamar una mayor democracia interna pero discrepaban en los aspectos ideológicos y estratégicos, es decir coincidían con la posición liderada por Felipe González  en  la necesidad de un proyecto socialista autónomo y en la conveniencia de ir abandonando señas de identidad ideológicas que consideraban superadas (3).

El tercer y  fundamental reproche  vino de no haber sido capaces de resolver la crisis en beneficio propio, es decir, de no haber sido capaces de conformar una ejecutiva que se hiciese cargo del partido tras la dimisión de Felipe González. Parece como una maldición para Izquierda socialista que a la hora de las escasas victorias que ha tenido en sus historia no ha sido capaz de consolidarlas. Hemos sido expertos en aguantar, contra tiempo y marea, a contracorriente, en los momentos en que hemos sido derrotados. Hemos logrado sobrevivir cuando tantos nos daban por desaparecidos pero no hemos sido capaces de rematar  cuando  nuestras posiciones son las que han triunfado.  El hecho es que aquella incapacidad pesará como una losa en la historia  de Izquierda socialista. Siempre se nos  recordará que no fuimos  capaces  de tomar  el poder en un momento crítico y de haber facilitado que ,ante aquel vacío de poder, se propiciase  la apoteosis del liderazgo posterior de González. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que los delegados de aquel congreso querían ser fieles a la ideología socialista y mantener de secretario general a Felipe González y las dos cosas  a la vez no eran posibles. Muchos volvieron a sus agrupaciones angustiados por el despliegue mediático que se realizó para apoyar al secretario general dimitido y decididos a plegar su voluntad a los deseos del líder. A partir de entonces pensaron que era preferible equivocarse con González como líder que mantener sus razones hasta el final si éstas contrariaban la voluntad del secretario general.

En aquella época  eran muchos los dirigentes que preferían plegarse a la voluntad del líder. Entre ellos sobresale Alfonso Guerra ,que años después encarnaría un conflicto muy prolongado en el seno de la dirección del partido, pero que en aquellos momentos tenía claro su apoyo inequívoco al dimitido secretario general. Guerra fue decisivo en la conformación de un modelo de organización compacto y monolítico al servicio del líder. Al apoyo de Guerra hay que sumar  las vivencias contradictorias de los delegados; la posición del Partido de los socialistas de Cataluña siempre propensos  a apoyar la opción ganadora ; y el despliegue mediático en contra de los “críticos”. Todo ello formó un conglomerado que era muy difícil combatir. A pesar de todo se hubiera obtenido un porcentaje mucho más alto en el congreso extraordinario de septiembre del 79 si no se hubiera producido una transformación de los estatutos que primaba decisivamente  a las opciones mayoritarias y cercenaban a las minorías.(4)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II) CRISIS  DE  LA  DEMOCRACIA   Y  ACCESO  DEL PSOE  AL  GOBIERNO

A partir del resultado de aquel congreso de septiembre del 79 se va produciendo un desanimo en muchos militantes del Psoe simpatizantes con Izquierda socialista. Unos abandonan la vida partidaria y otros prefieren dirigir sus esfuerzos a otras actividades dentro del partido acoplándose a las decisiones de la dirección. Un año después de aquel congreso Francisco Bustelo ,que había tenido un papel muy relevante en la crisis de mayo del 79 , y había sufrido como pocos la critica acerba de los medios, triunfa como candidato al rectorado de la Universidad Complutense. El mismo ha contado en sus memorias la vivencia de aquel congreso y la nueva época que iniciaba a partir de entonces. Acabaría abandonando el Psoe e incorporándose a Izquierda unida. El titulo de su libro es “Memorias de un político frustrado”  y reflejan muy bien ese clima de desanimo en relación al partido socialista. El libro de Bustelo es muy significativo porque refleja la doble frustración del militante que no confía en cambiar el Psoe desde dentro pero tampoco acaba encontrándose en Izquierda unida y opta al final por abandonar la política activa(5)

Al finalizar aquella legislatura y en vísperas del gran triunfo del 82 Luis Gómez Llorente decide abandonar la política activa. En esta ocasión no tenemos unas memorias que expliquen aquella decisión y , aunque tengo presentes en mi animo muchas de las reflexiones en voz alta de Luis, no quisiera en estas paginas  ir más allá del testimonio escrito a la hora de explicar las decisiones tomadas  en los distintos momentos por los dirigentes de Izquierda socialista. Se vive un momento de gran dificultad para Izquierda socialista. En aquellos días del otoño de 1.982 cuando el Psoe  obtiene más de 200 diputados, cuando tiene a la opinión pública detrás con más de diez millones de votos, aquel gesto de distancia, de silencio, de apartamiento conmociona a los militantes  de Izquierda socialista. Con Bustelo retirado en el rectorado, Gómez Llorente voluntariamente apartado de toda actividad orgánica o institucional, fallecido repentinamente Manuel Sanchez Ayuso, la situación era todo menos esperanzadora. Es Pablo Castellano el que tira del carro teniendo que combinar en la práctica la difícil tarea de mantener la especificidad del socialismo de izquierda y someterse a la disciplina de voto del grupo parlamentario socialista. Acompañan a Pablo en aquel momento otros parlamentarios como Carlos López Riaño por Madrid y José Luis Sanchez por Huesca. Joaquín Martinez Bjorman continuó como senador y siempre contamos con su apoyo y su extraordinaria agudeza.

Carlos, Pablo y José Luis  eran miembros  del comité federal y junto conmigo fuimos reprobados en abril del 86 por no haber secundado la decisión mayoritaria del partido en el referéndum sobre la Otan. Esa reprobación no significó la apertura de un expediente de expulsión porque en aquel momento se decidió convocar elecciones para junio del 86 y no se quería cargar con  la imagen de un partido rígido y monolítico que  expulsa a  los disidentes. Máxime teniendo en cuenta que se quería recabar el apoyo electoral  de los que votaron en contra de la propuesta del gobierno en el tema de la Otan. No se produjo la expulsión pero las relaciones con la dirección del partido entraron en un periodo de tensión que provocaría meses después la baja injustificada de Pablo Castellano.

Todos sufrimos un desgaste tremendo a lo largo de aquellos meses y de nuevo aquí, cuando hay que explicar a las jóvenes generaciones los motivos de nuestra oposición a la Otan , ocurre como con el tema del marxismo.  Hoy cuando se ha ido imponiendo un pensamiento político que proclama el “Fín de la historia” y el triunfo de la democracia liberal capitalista la Otan es presentada como la gran alianza por la libertad que fue decisiva a la hora de acabar con el totalitarismo. Desde esta perspectiva es lógico pensar que todos los que estabamos contra la Otan estabamos a favor del pacto de Varsovia . Los que han defendido la militarización del pensamiento político son coherentes al oponer drásticamente la Otan( como alianza defensora de la democracia liberal) frente al Pacto de Varsovia( como representante del marxismo leninismo).

No se puede desconocer que en contra de la Otan había prosoviéticos pero es un hecho  que la gran masa de los que nos movilizamos entonces respondíamos a otras razones. Unos eran pacifistas contrarios a todo tipo de confrontación bélica. Otros eran contrarios al despliegue de los euromisiles y a la carrera de armamentos . Estabamos también los que luchábamos por una Europa sin bloques militares que no fuera rehén de las dos superpotencias.

Los argumentos que entonces empleamos en los congresos del psoe y en los debates públicos nos permitieron conocer las posiciones de representantes de la izquierda europea .Recuerdo entre otros a E.Thompson y a K.Coates con los que compartimos debates y movilizaciones en contra de la política de bloques . Conectábamos con los pacifistas europeos pero nuestro discurso tenía una significación especial para una opinión pública que no podía olvidar el apoyo de los Estados unidos a la dictadura de Franco. Siempre recordaré la emoción con la que muchos viejos militantes recordaban las palabras de Indalecio Prietos dirigidas al presidente Kennedy abominando del apoyo norteamericano a la dictadura de Franco y considerando que a partir de aquel momento la legitimidad del Pacto atlántico había desaparecido. Leí aquellas palabras de Prieto en el XXX congreso del Psoe en diciembre del 84 y todavía recuerdo la emoción de los delegados más veteranos(6)

Fueron  aquellos años, años  de un  debate muy intenso dentro de la izquierda. Desde la llegada del Psoe al gobierno hasta el referéndum de marzo del 86 las movilizaciones fueron constantes. Fueron años en los que hubo cosas positivas en la gestión del gobierno socialista que apoyamos inequívocamente como la reforma educativa, la subordinación del poder militar al poder civil y la despenalización parcial del aborto. Apoyamos la buena gestión de Fernando Morán como ministro de asuntos exteriores y su esfuerzo por mantener un margen de autonomía para España en su política exterior. El esfuerzo por incorporar España a Europa siempre mereció nuestro aplauso. El cese de Morán y el relevo que entonces se produjo lo interpretamos en base al cambio de estrategia que se había producido a partir del congreso de la Otan. Morán pretendía mantener la autonomía y evitar la  satelización y el  apoyo incondicional a la política norteamericana, pero , con su cese, se olvidaron estos principios  . La falta de voluntad política  del gobierno español y de otros gobiernos de partidos de la izquierda europea fue desgraciadamente la tónica.

Vivimos, sin embargo, un momento de gran esperanza con  la llegada de Gorbachov a la  

Secretaria general del Pcus. Veo en la sala a Carlos López Riaño y él recordará el tiempo que dedicamos a comentar y a valorar el esfuerzo de aquel hombre por poner encima de la mesa propuestas de desarme que iban mucho más lejos de lo que hubiéramos podido soñar años antes. Gorbachov defendía un nuevo pensamiento político que pusiera la supervivencia de la especie en primer lugar. Supervivencia amenazada por la miseria, por el hambre y  por el deterioro ecológico. Miseria Norte-Sur que no era afrontada por políticas militares que gastaban en la carrera de armamentos recursos preciosos para afrontar el problema de un mundo cada vez más desigual.

Fueron momentos de gran esperanza. De la frustración que habíamos vivido con el final del referéndum de la Otan pasábamos a la esperanza en una nueva Izquierda europea, en una casa común europea, en la formulación  de una nueva época.

 

 

 

III) LA CAIDA DEL COMUNISMO Y EL FUTURO DEL SOCIALISMO.

Todos los supuestos se removieron en aquel final de los años ochenta. La perspectiva de Gorbachov y de la Perestroika fue avanzando y hubo momentos de gran ilusión pensando en la posibilidad de aunar los esfuerzos del Pcus en la entonces Unión soviética con la nueva izquierda europea. En nuestro país se comienza a asistir a un fuerte debate en el seno de la izquierda.

La izquierda se hizo plural. El partido comunista no  volvió  a presentarse a las elecciones como tal formación desde l.986 y formó una  coalición electoral. La aparición de Izquierda unida atrae a una parte del electorado socialista y suscita el apoyo de militantes de Izquierda socialista que pasan a formar parte de la nueva formación política. Unos fueron fundadores de la coalición como Alonso Puerta y otros se fueron incorporando después como Pablo Castellano(1.989), Francisco Bustelo(89) y  también lo hicieron personas cercanas a Izquierda socialista como Juan Francisco Martín Seco(94). El planteamiento de todos ellos era romper con el bipartidismo y dar fuerza a una opción política a la izquierda del Psoe. No confiaban en la batalla dentro del partido socialista ni creían que las fuerzas de Izquierda socialista fueran suficientes para frenar la política económica de los gobiernos de Felipe González. Su experiencia en Izquierda unida les llevó a confluir con ecologistas, nacionalistas de izquierda y poscomunistas. Mientras nosotros nos quedábamos en la vieja casa conviviendo con una socialdemocracia cada vez más liberal ellos convivían con una izquierda alternativa. Las dos experiencias reflejan bien la encrucijada del socialismo de izquierda entre el liberalismo y el libertarismo.

La política económica del gobierno socialista había chocado con las organizaciones sindicales y se había producido una gran movilización en diciembre del 88, en la famosa huelga general del 14de diciembre. Está hoy con nosotros Nicolás Redondo y él simboliza mejor que nadie el esfuerzo por dar un giro a esa política económica, por romper con el endiosamiento de unos gestores económicos que defendían un proyecto socialista sin sindicatos y contra los sindicatos. Tenemos la suerte de contar hoy, publicado por la Unión general de trabajadores, con un volumen que recoge los discursos y escritos de Nicolás Redondo y en él se percibe  todo el drama que vivió   el hombre que pasó de proponer a Felipe González como secretario general del Psoe en 1.974 a propiciar la unidad de acción con CCOO y la realización de tres huelgas generales( 7).

La perspectiva aportada por los sindicatos marcó decisivamente la agenda política aquellos años influyendo en  las organizaciones partidarias. Los planteamientos de Redondo y las elaboraciones de J.M.Zufiaur desde el Instituto sindical de estudios influyeron decisivamente en las posiciones defendidas por Izquierda unida en el parlamento y en los programas electorales. En el    espacio del Psoe  los portavoces, que nos habíamos hecho cargo de la dirección de la corriente, tras la marcha de Pablo Castellano en octubre del 87( Manuel de la Rocha, Vicen Garces y Antonio Santesmases) éramos conscientes de la necesidad de ampliar la base de Izquierda socialista y constituir un ala izquierda que tuviera fuerza en el conjunto de la organización.

Así como los amigos de Izquierda unida reclamaban para ellos la auténtica socialdemocracia y la herencia del partido fundado por Pablo Iglesias nosotros, sin desdeñar la necesidad de una fuerza política a la izquierda del Psoe, apostábamos por una izquierda plural y  dentro del partido socialista por la constitución de  un ala izquierda. Manolo de la Rocha defendió desde el principio esta posición y con el tiempo fuimos aunando esfuerzos con personas como Pedro Sabando, Julián Campo y Luis de Velasco. Al principio esta perspectiva parecía muy modesta porque la denominada “mayoría” del partido era muy compacta  y la propia dirección de la Ugt no acababa de ver la conveniencia de contar con el apoyo de Izquierda socialista a la que veía condenada a encarnar una posición muy minoritaria  en el seno del partido. Influía en esta percepción la idea de que Izquierda socialista era vista ,en el seno de la organización, como un pequeño grupo vinculado a la derrota en el debate del 79 sin capacidad de crecer más allá del ghetto.  Esa visión de las cosas  creo que  provocó el refuerzo de las tesis favorables a preservar al máximo la autonomía sindical sin interferir en la vida interna del partido.

 La apuesta por el Estado del bienestar era básica pero también lo era la defensa de la legitimidad democrática y la pervivencia del Estado de derecho. Si cuando hablamos de sindicatos pensamos en Nicolás, en Zufiaur , en Apolinar, en Pepe Manzanares que acabaría incorporándose a Izquierda socialista, cuando pensamos en “tomar la democracia en serio” (haciendo honor a un articulo de Paolo Flores D Arcais) todos recordamos el valor de Ignacio Sotelo para denunciar la guerra sucia de los aparatos de Estado en la lucha contra el terrorismo y para combatir la corrupción política exigiendo la asunción de responsabilidades. En sus intervenciones internas en esta sala, donde celebrábamos las reuniones del comité federal ,y en sus artículos del diario El País la posición de Ignacio fue un continuo aldabonazo en la conciencia de los electores y los militantes socialistas.(8)

Fue tan importante aquella denuncia de la corrupción y aquel combate contra el terrorismo de Estado que hubo momentos en que muchas personas en la opinión pública identificaban a Izquierda socialista por la denuncia de los Gal y por la exigencia de responsabilidades políticas. Este tema se haría todavía más presente años después cuando propusiéramos el cambio en el liderazgo dentro del partido socialista a la hora de afrontar las elecciones de 1.996.

Es fácil perder el  hilo del relato a partir de aquel momento. Muchos ya no se acordaban  ni de la Otan ,ni del marxismo, ni de la primitiva Izquierda socialista, pero nos jaleaban mediaticamente para agudizar el  declive de los últimos gobiernos socialistas. Ahora es frecuente que muchos compañeros vivan la desesperación por no poder penetrar en los medios, por no ser nunca noticia. En aquella época lo éramos a todas horas y siempre centrados en los temas de la corrupción y de la responsabilidad política. Para nosotros la erradicación de la corrupción, el combate contra las prácticas irregulares en la financiación de los partidos políticos, o en el uso delictivo de los aparatos de estado eran batallas imprescindibles si queríamos tomar la democracia en serio pero no representaban el único punto de nuestro mensaje.

A la defensa del Estado de derecho uníamos la defensa del Estado social  y la lucha por un nuevo orden internacional.  Fue en este último aspecto donde valoramos muy positivamente el esfuerzo que se iba realizando desde la Fundación Sistema para hacerse cargo de la necesidad de un nuevo socialismo. Los encuentros de Javea, los números de la revista “El Socialismo del futuro”, la aparición años después de la revista “Temas para el debate” fueron recibidos con gran interés por todos nosotros porque veíamos que en los libros de Harrington y de Miliband, de Offe y de Gorz, o en los trabajos de Juan Torres, de V. Navarro, de J. M. Tortosa iban apareciendo pistas de gran interés sobre cómo pensar el futuro. El esfuerzo de A.Guerra y de J.F. Tezanos fue en este sentido impagable( 9).  A partir de ahí fuimos aunando contactos con personas que iban participando en reuniones de Izquierda socialista o en un club político(el Cepes) que creamos con otros compañeros vinculados al ala   izquierda. Pienso en E.Díaz, en Pedro de Vega, en Roberto Mesa, en Francisco Fernández Marugan, en Matilde Fernández . Se incorporaron también entonces a las tareas del partido socialista los compañeros del Partido del trabajo. A partir de aquel momento coincidiríamos en muchos temas de política social y de política internacional con Santiago Carrillo, Adolfo Piñedo, Enedina Alvarez, Julián Ariza  y Andrés Gómez .

No puedo aquí dar cuenta de todas esas jornadas de debate sobre el futuro de la izquierda, la construcción europea, la crisis de la democracia, el futuro del socialismo,  y la articulación del estado de las autonomías, pero por citar algunas recordaré las jornadas de Hervas(1.986), Madrid(1.988), Barcelona(1.991), Valencia(1.992) y los múltiples debates del Cepes.

Fueron años de gran turbulencia que afectaron no sólo al socialismo español. La financiación irregular de los partidos se llevó por delante al partido socialista francés en 1.993 y marcó a los partidos socialistas de Bélgica  y de Italia. La corrupción individualizada tuvo casos esperpénticos como el que vivimos en España con Roldán y deterioró durante mucho tiempo la  credibilidad política de los socialistas.

Cuando uno piensa ,en la sala en la que estamos celebrando estas jornadas ,y recuerda todo lo que hemos vivido aquí,  no puede dejar de pensar cuantas desgracias nos hubiéramos evitado si se hubiera hecho caso a las voces de Izquierda socialista en todos esos congresos donde gracias al esfuerzo denodado de Antonio Chazarra y a la brillantez expositiva de Mario Salvatierra  íbamos presentando enmiendas y documentos donde aparecían todos estos temas.

 

IV)SALIDA DEL PSOE DEL GOBIERNO Y  FIN  DEL  CICLO  DE SURESNES.

   De estar completamente aislados en 1.982 cuando se produce el triunfo del Psoe, cuando sólo éramos  recordados como la otra cara de la realidad que venturosamente había sido superada y arrinconada para permitir el triunfo electoral de Felipe González en el 82, pasamos 14 años después a ser un referente para mucha gente de la izquierda que veía en Izquierda socialista el sector del Psoe con el que se podía identificar. Era el sector que apoyaba a los sindicatos en sus reivindicaciones; que buscaba un entendimiento entre las distintas fuerzas de izquierda; que reclamaba medidas para asumir la responsabilidad política ante los casos de corrupción; y que buscaba un papel distinto para España y para Europa en el nuevo orden internacional.

A  finales del 95 se produce un manifiesto donde convegen distintos sectores socialistas que reclamábamos un nuevo liderazgo para el Psoe. En  aquel manifiesto confluíamos los portavoces de izquierda socialista con compañeros cercanos a nuestras posiciones como Fernando Morán y Elías Díaz pero también con personas más alejadas de nuestra perspectiva como Gregorio Peces Barba o Victoria Camps. Ya entonces postulábamos la necesidad de unas primarias como método para elegir el candidato del Psoe a la presidencia del gobierno .El tiempo nos daría la razón y a pesar de la “derrota dulce” de las elecciones del 96 se produjo un año después la salida de Felipe González de la dirección del Psoe y con él el final de la etapa de Suresnes.

Muchos habían pensado que Izquierda socialista no sobreviviría a aquellos momentos. Obsesionados por una polémica felipismo-antifelipismo ,que nosotros nunca compartimos ,habían reducido la discrepancia de Izquierda socialista a un problema puramente personal con el líder del Psoe y no a las diferencias entre posiciones políticas.

A pesar de todos los impedimentos y los miedos el cambio se impuso  y  con él la necesidad de abrir una nueva perspectiva. No fue fácil. Hubo momentos magníficos como el triunfo de Borrell en las elecciones primarias del 98. Habíamos acertado en el diagnóstico( era imprescindible abrir una nueva época), en el método( el sistema de primarias) y en el candidato ( Jose Borrell). Habíamos acertado pero la losa del pasado y los procesos judiciales pendientes no permitían levantar el vuelo. El pasado se comía el presente y no nos dejaba  construir el futuro.  La dirección ,derrotada en las primarias, se atrincheró  en el aparato  e hizo la vida imposible al candidato elegido por las bases del partido. De todo ello sabe mucho nuestra compañera Ana Noguera que vivió todo aquel proceso desde dentro de la dirección apoyando en solitario con gran valor  al candidato que después resultó vencedor.

De nuevo aquí pasa como en 1.979. Al igual que muchos recuerdan aquel congreso como el congreso donde los “críticos” no fueron capaces de hacerse con la dirección del partido son muchos también los que recuerdan los sucesos del 98 como el momento de una esperanza fallida por no ser capaces de convocar un congreso y tomar la dirección del Psoe. Las condiciones de Borrell como parlamentario, como comunicador, como hombre que combinaba admirablemente la  capacidad técnica con la convicción ideológica eran entonces y siguen siendo  hoy excelentes. Realizó una magnifica campaña en las primarias pero ,tras su victoria, ni él supo, ni nosotros supimos, rematar aquella victoria. No  era fácil convocar un congreso si Almunia no se decidía a dimitir. La promesa de estar eligiendo únicamente al candidato que debía disputar la presidencia del gobierno, sin entrar en batallas orgánicas, pesaba mucho en el animo de Borrell  pero su buena voluntad no fue correspondida por el aparato del partido. Especialmente lamentables fueron todas las jornadas que vivimos tras la sentencia del caso Marey y la salida que impuso Felipe González . En aquel septiembre del 98 parecía como si las primarias no se hubieran producido y todas las referencias remitieran una vez más al anterior secretario general.

La marcha  de Borrell nos dejó desconcertados  porque durante mucho tiempo la gente identificaba a Izquierda socialista con la necesidad de sustituir a la generación de Suresnes y con la conveniencia de optar por un nuevo liderazgo encarnado en una persona como Borrell. Aquella marcha fue recibida con alborozo, apenas disimulado, por la dirección derrotada en las primarias que se aprestó a tomar las riendas y a conducir al partido socialista  a la derrota electoral de marzo del 2.000. No es aquí el momento de extenderse en este punto que va propiciando la aparición de libros por parte de los protagonistas de aquellos sucesos( 10)

 

V) LA  HORA  DEL  RELEVO GENERACIONAL.

La derrota electoral de marzo del 2.000 provocó la dimisión de Joaquín Almunia y la apertura de un debate abierto que condujo a la elección de un nuevo secretario general. En todo este proceso apoyamos la candidatura de Matilde Fernández que defendió con gran dignidad una posición política cercana a la izquierda plural de Jospin frente a la tercera vía de Blair. A la candidatura de Matilde le perjudicó la forma de elección el secretario general que exigía concentrar en una primera votación todos los apoyos en el candidato que tuviera más posibilidades de evitar lo peor. Así ocurrió. Muchos de los que tenían que votar a Matilde prefirieron el voto útil para evitar el triunfo de Bono. Ese transvase de votos fue decisivo para el triunfo de Zapatero.

Tras la  victoria de Zapatero  se proclamó que era el momento de acabar con las querellas del pasado y optar por un nuevo liderazgo que diera  paso a una nueva generación. Nada más acertado que dar por concluidas las querellas si éstas respondían a problemas personales pero no si tenían que ver con diferencias ideológicas. Es un problema de la democracia española el confundir cualquier debate político con una querella personal y abominar de cualquier discrepancia en el seno de una organización como si la unanimidad fuera sinónimo de inteligencia y de libertad.

 Sí parecía sin embargo conveniente proceder a una renovación interna de la corriente. Los que habíamos representado a Izquierda socialista en los debates de los años ochenta, los que habíamos simbolizado la oposición al felipismo debíamos dejar el paso a personas que no estuvieran desgastadas por toda esa experiencia. Era el momento del relevo en Izquierda socialista y compañeros como Juan Antonio Barrio, que había realizado una magnífica tarea en los meses preparatorios del 35 congreso del Psoe, fueron asumiendo la dirección  de la corriente.  No era tanto un problema de edad como de la necesidad de aplicarnos a nosotros mismos la tantas veces proclamada limitación de mandatos. Aunque tuviéramos una edad similar era el momento para que Juan Antonio Barrio, con Mario Salvatierra, con Pepe Cobos, con J.A Peréz Tapias, con Jose Miguel Sanchez Estevez y Andres Perelló  y con tantas compañeras y compañeros  adquirieran mayor protagonismo en el seno de la corriente. Ellos podrían dar continuidad a la labor que con tanto ahínco habían desarrollado desde Antonio Ruiz  y F. Casares en Barcelona a Marcos Gutiérrez en Jaen , pasando por Paco Ferrer en Baleares , Manolo Suarez  y Nestor Padrón en  Canarias ,  o Fernando Baeza, Santiago Aparicio, Eugenio Morales y Paco Cordero en Madrid. Eran muchos los sitios por donde había crecido Izquierda socialista y Juan Antonio Barrio había logrado ir tejiendo una  red que permitía sentirse participes de un proyecto a compañeros del partido que desde Calatayud a Orense, desde Ferrol a Sevilla, desde Vitoria a Huelva , se reclamaban de Izquierda socialista.

Es ya el momento de decir algunas palabras conclusivas sobre el significado de nuestras batallas a lo largo de estos años. Años de victorias (escasas) y de derrotas (abundantes).Si hubiera que medir la pervivencia de una opción política únicamente por el éxito nuestro caso no dejaría de ser sorprendente. Son años en los que Izquierda socialista ha contado con grandes dirigentes  que a lo largo de estas jornadas os irán dirigiendo la palabra. Hoy cuenta incluso con jóvenes como Santiago Aparicio que  han  realizando magníficas tesis doctorales donde dan cuenta de los avatares de la corriente dentro del socialismo de estos años. Mucho han cambiado las cosas desde aquella primitiva Izquierda socialista vinculada al debate de la transición política y al marxismo de los años setenta a esta Izquierda socialista del siglo veintiuno.¿ Quién nos hubiera podido  decir entonces que un día sería  posible procesar a Pinochet por la iniciativa de un juez español que atendiera la demanda de un  abogado también español, tan cercano a nosotros, y que hoy nos acompaña como Joan Garces? Hay un punto, sin embargo, que me parece que ha sido constante en estos años. El socialismo de izquierda tiene una fuerte vocación internacionalista. El socialismo de izquierda tiene fuerza cuando apoya a movimientos sociales que logran conectar con la sensibilidad de la época. Nos pasó en los años ochenta con el movimiento en contra de los bloques militares y nos pasa hoy al conectar con los movimientos antiglobalización.

Para los que leíamos con pasión los textos de los socialistas franceses en los años setenta es una satisfacción contar hoy entre nosotros con distintos representantes de las izquierdas socialistas europeas. Siempre recordaré el entusiasmo con el que vivimos Vicen Garces y yo la constitución de la “República social europea” en París en noviembre del 99. Por fin confluían las izquierdas de los partidos socialistas.  Esa voz del socialismo de izquierda  es hoy  más necesaria que nunca tras los sucesos del 11 de septiembre . Es una voz que responde a la necesidad de no claudicar ante el nuevo orden internacional. Si algo nos ha caracterizado durante años ha sido esa voluntad de resistencia, esa voluntad indomable por no aceptar como inevitables los hechos fácticos. No hemos querido hacer de la necesidad fáctica virtud ética y por ello no hemos aceptado como inevitables ni la razón de estado contra el terrorismo, ni la lógica de la política de bloques, ni el liberalismo económico ni la necesidad de reducir los procesos políticos a una competencia por el liderazgo personalizado. Hemos apostado frente a ese factum de la necesidad por hacer, como nos enseñaba hace años Elías Díaz ,  posible lo necesario. Hacer real y plausible la lucha por el Estado de derecho, por la democracia deliberativa, por un nuevo proyecto de ilustración y por un orden internacional que evite el choque de civilizaciones y propicie el diálogo entre las culturas. Es el momento de continuar con nuevos bríos, con nuevas voces, con nuevos referentes, esa misma batalla.

 


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