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LA VICTORIA DEL EXILIO - Jan Martínez Ahrens* - Part II

La fidelidad a los valores republicanos es una constante en los vástagos del exilio. Durante 75 años sus familias han mantenido en alto esa bandera

 Otra de las puertas que se abrió al exilio fue la de la Universidad Nacional Autónoma de México, la mayor de Latinoamérica. En sus aulas dieron clases biólogos como Enrique Rioja, químicos como Francisco Giral —fundador de la revista Ciencia— o filósofos como Gaos, Eduardo Nicol, Adolfo Sánchez Vázquez o Ramón Xirau. La lista es interminable y su influencia casi imposible de cuantificar. "Son como las ondas en una cubeta, ¿cómo se determina el efecto en los alumnos de los profesores republicanos? Se formó una red difusa que dio lugar al México moderno. No se puede separar su aportación de la cultura actual", explica el ensayista Ricardo Cayuela, director general de Publicaciones del Consejo Nacional de Cultura (Conaculta), y nieto del fusilado presidente de la Generalitat Lluís Companys. "Tenían prohibido manifestarse políticamente y ocupar determinados puestos, pero aprovechaban sus clases para transmitir sus valores", detalla Cayuela.

Un buen ejemplo de esta condensación intelectual lo proporciona la Facultad de Derecho. Allí irradiaron sus conocimientos juristas republicanos de enorme fuste como el exministro de Justicia Mariano Ruiz Funes o Manuel Pedroso, antiguo rector de la Universidad de Sevilla. Entre sus discípulos figuraban los escritores Sergio Pitol o Carlos Fuentes, quien años después escribiría: "Los españoles que llegaban a México eran lo mejor de una cultura que nos obligó a decirnos a los mexicanos: esto es parte de nosotros y, si no lo entendemos, no seremos nunca nosotros mismos".

En un juego de "influencias mutuas", en la definición de la historiadora Clara Lida, este inmenso torrente se fundió en el magma mexicano. "Fue una alquimia más que una revolución, trajeron una forma de entender la vida, nos enseñaron a ver de manera oblicua nuestro país", explica Jordi Soler, escritor mexicano radicado en España. Esta nueva mirada tuvo singularidades del tamaño de Luis Buñuel, cuya feroz inteligencia pasó a México por el alambique en Los olvidados, con música, por cierto, del también exiliado Rodolfo Halffter. "Digirió de tal forma la cultura del Distrito Federal, que con Los olvidados aprendimos lo que era México", añade Soler, también él descendiente de republicanos.

Pero la huella más profunda que dejaron los asilados fueron sus hijos, y los hijos de sus hijos. Muchos recibieron educación en instituciones propias como el Colegio Madrid o el Instituto Luis Vives, donde cada catorce de abril aún se canta el himno de Riego. Esta constante rememoración no frenó su fusión con México. "Antes que nada soy mexicana, aunque tengo un pie firme en la herencia republicana. Es una forma de vida, no te puedes olvidar", recalca Marisol Schultz, hija y nieta de exiliados, alumna del Colegio Madrid y actual directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Esta fidelidad a los valores republicanos es una constante en los vástagos del exilio. Durante 75 años sus familias han mantenido en alto esa bandera. Pero son conscientes de que a 9.000 kilómetros de distancia, al otro lado del océano, la mirada es otra. "Para España, el exilio no es español; para aquellos que se quedaron, los que se fueron dejaron de serlo", reflexiona Cayuela. La historia de la República se bifurcó.

En España se convirtió en pasado; en México alcanzó una segunda y fructífera vida. Esta distancia hizo casi imposible el retorno. La puerta que Gaos ordenó cerrar nunca volvió a abrirse para los exiliados.

El filósofo murió el 10 de junio de 1969. Lo hizo ejerciendo su magisterio y en uno de los lugares que más amaba. Un infarto le fulminó tras examinar a un doctorando en el Colegio de México, la institución que le había acogido poco después de desembarcar del Sinaia y que aún hoy es signo visible de la fortaleza intelectual mexicana. Una puerta abierta de su cultura.

30 AGOSTO  2014

*Jan Martínez Ahrens  es Corresponsal de EL PAÍS en México, Centroamérica y el Caribe

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/08/28/babelia/1409227317_401425.html

11/09/14